5/29/2010

Darwinismo social

Esta noche he estado cenando en la calle San Pablo (para los que no vivan en Barcelona, está cerca de las Ramblas al lado del Teatro del Liceo) y he visto una escena, que si bien es cierto que no era la primera vez que la veía esta ha sido sin lugar a dudas la vez que más me ha impresionado (supongo que después de estar en la clase de derecho administrativo y ver como el libre mercado nos ha llevado al momento actual , más). Esta escena era sencillamente, unas veinte o treinta personas removiendo la basura para llevarse algo a la boca.

Al ver esa escena mi mente se ha ido sin más a los naturalistas del siglo XIX y en especial hacia Zola, autor que encarna de maravilla ese pensamiento y he pensado en describir la situación dantesca y lo que le está ocurriendo a España. Sin tapujos, sin mordazas.

Como he dicho eran veinte o treinta personas, todas rondaban los 45 o 50 años o así su rostro lo indicaba, había tantos hombres como mujeres a los que el Estado ha abandonado a su suerte y que no debían tener ni el subsidio mínimo (cosa que les gusta a los liberales alemanes que forman gobierno con la conservadora CDU o los postulados del Partido Popular español que propugnan el adelgazamiento del Estado porque crea holgazanes, ¿esto son para usted holgazanes señor Rajoy o señor Arenas?) y que cogían una hoja de lechuga en dudoso estado y la guardaban con tanta ilusión como un niño con zapatos nuevos.

Yo estaba acurrucado en una esquina observando la situación y entonces he apuntado el título del escrito “darwinismo social” para reflejar lo que era para mí aquello y las palabras que le hubiese puesto Zola, con mucho más acierto que yo, han empezado a brotar de mi cabeza. Darwinismo porque a cien metros había coches de gama alta y mientras los “olvidados de la sociedad” coleccionaban Zanahorias con algún corte o yogures que debían haber caducado ese mismo día, yo sólo podía pensar que no hace mucho algunos de los que estaban recogiendo entre la basura seguramente trabajaban en la empresa del señor o la señora que salían de ese vehículo.

Se bajaron del vehículo con cara de pocos amigos, a cien metros sus empleados, o los que yo imagino que eran sus empleados, entraban a un Restaurante obscenamente caro y de dudosa calidad, sin pensar siquiera que ellos eran tigres y los sin techo gacelas, unas gacelas que las utilizaban para correr y ganar pero que han acabado devoradas por el sistema capitalista sin ser ellos los culpables de la situación en la que se encuentran, de la que seguramente debían haber sido víctimas de esos tigres que sólo pensaban en ganar carreras y no repartían con nadie el dinero del premio. Sólo sobreviven los más fuertes.

Entonces, cuando me iba, he recordado las palabras de Zapatero anteayer en Málaga “no voy a recortar ni un derecho a las gacelas (léase trabajador/a)” y aunque es cierto que esa gente lo estaba pasando mal no he podido olvidar que Zapatero, a pesar de los constantes ataques, quiere que esas gacelas vuelvan a correr (esperemos que no se amedrante más con los banqueros). Bien es cierto que deberán correr de forma distinta, pero quiere que vuelvan a correr.

Frente a los que odiamos el darwinismo social se alza otro tipo de tigres (entiéndase capitalistas) que pretenden seguir haciendo correr a las gacelas para ganar carreras y cuando no les sirvan comérselas o abandonarlas a su suerte (despido libre o disminuir el Estado social) y entonces he entendido que tigres hay pocos y gacelas somos muchos/as y que miles de gacelas pueden más que un tigre, pero eso se tiene que demostrar y lo más peligroso es que hay gacelas que confían en los tigres (todos sabemos quienes son los tigres en la política y a quien defienden; y quien defiende a las gacelas).

Gracias Carrillo, ahora y siempre